La despedida (Laika Editora, 2021)

La despedida (Laika Editora, 2021)

Por Ignacio Rojas.

El primer libro de la editorial Laika, sorprende al acercarnos a textos que por primera vez se traducen al español, y que reviven en estos lares el diálogo –que empezara Teillier en su momento– en torno a uno de los poetas más decisivos en lengua alemana de la primera mitad del siglo XX. Estos fueron publicados por primera vez en 1926 por su amigo y editor Ludwig von Ficker, y corresponden concretamente a testimonios de distintas personas que conocieron al poeta, sin tener ninguna de ellas un vínculo estrecho y cercano.

Casi al comienzo de este libro se cita un breve comentario de R.M. Rilke, que con una conmovida gravedad, vierte su acertada impresión de que la poesía de Trakl en su deslumbrante extrañeza, no puede sino haber encontrado su materia fundante en la estrecha vecindad de los sueños y cómo este esclarecimiento nos hace percibirlo desde la exclusión. Ahora bien, ese comentario del poeta de las Elegías del Duino termina con una pregunta que no puede ser más pertinente para la materia de este libro y por supuesto para sus lectores, que la oirán resonar a lo largo de sus páginas: “¿Quién habrá sido él realmente?”.

El libro en cuestión no busca resolver esa incógnita sino más bien ahondar en su incertidumbre; los testimonios se caracterizan por su disparidad, por proporcionar equívocos al tiempo que emergen como impresiones vivas del hombre y el poeta. Algunos de los que hablan y que lo conocieron, no tuvieron un trato íntimo con él o no mayor a dos años como se nos informa en el prólogo. Llaman la atención testimonios como el del poeta y militar austriaco Bruno Brehm, que relata un encuentro que aparentemente no duró más allá de un par horas, pero que sin embargo nos regala la curiosa conversación que mantuvieron y el dibujo de un Trakl evanescente, como el de una figura fantasmagórica que desaparece en la noche. Y aunque en suma parece tratarse de las primeras capas del mito, estos testimonios logran informarnos sobre su atribulado paso por el mundo y de cómo fueron sus últimos días.

La elección de testimonios llenos de opacidad, se vuelven significativos, no solo por subrayar el impacto causado justamente en aquellos que no tenían noticias claras sobre el poeta, sino también por conectar con el ánimo crepuscular de su poesía. Hay que mencionar, que además de estos testimonios, la edición incluye una acotada pero no menos generosa selección de poemas que están en consonancia con los textos previos, ya que responden a los poemas citados ahí, y que son una muestra condensada de su mejor etapa creativa y también la de mayor sufrimiento.

De alguna forma, el pathos que se empieza a configurar en cada testimonio responde con fidelidad al hombre que rompe con la cultura burguesa de la que emergió y cuyas afinidades electivas son un reducido grupo de personalidades de la vanguardia vienesa. No es casual que varios de los poemas incluidos aquí tengan dedicatoria a varios de los más importantes nombres de la vanguardia, o a aquellos que eran parte de su círculo más cercano y afín: Karl Kraus, Kokoschka, Adolf Loos, Bessie Loos, Ludwig von Ficker, Karl Booromäus Heinrich, Wittgenstein, etc.

Algo interesante de esta edición es cómo en la selección de estos testimonios y poemas se modela un pequeño universo; por un lado es el íntimo espacio de oxígeno en el que Trakl se repliega y que uno puede entender como Der Brenner y al círculo de creadores que lo circundaba, y por otro, a la sincera amistad profesada por Ludwing von Ficker, que parece ver en estas voces un archivo tan imperfecto como genuino, cuyo valor parece conjurar una imagen del poeta dislocada; casi como una pintura de Kokoschka donde lo importante no se juega en la precisión de la forma, sino en su aura, en capturar su intensidad.

El texto que da título a esta edición, escrito por von Ficker y que de alguna manera organiza la unidad del libro, da cuenta de los últimos días de Trakl. Un texto emotivo, que en un vaivén nos lleva del abrazo de ambos en su reencuentro en el hospital, a las confidencias traumáticas de la batalla de Grodek, para luego tender un manto de sospechas en relación a las oscuras circunstancias en las que se habría producido la muerte del poeta. Una muerte sorpresiva, que pone freno a la urgente visita ya programada por Wittgenstein y que llena de dudas a von Ficker, quien mira con malos ojos el hermetismo del personal médico sobre el hecho.

Tiendo a ver el texto de von Ficker en el centro de una gran despedida al poeta, pero también al amigo. Estos testimonios, en su condición fantasmática, confluyen como un gran ejercicio de anamnesis, y parecen no poder evitar delinear la figura elusiva de Trakl precisamente en su esencia más desconcertante: La del genio que no encuentra sujeción en el mundo y que tiende irremisiblemente a la retirada.

Otra historia será la que profundice en la amistad y la relevancia de estas figuras en apariencia secundarias, encarnadas por los editores. Pienso en lo que fue un Max Brod para Kafka o un Carl Seelig para Robert Walser. Gracias a esta traducción algo sabemos ya de Ludwig von Ficker y de la profunda amistad que lo unía a Trakl. Curiosa es también esta tríada de autores que menciono al pasar, ya que los tres parecen asomarse al mismo abismo. Uno que tiende poderosamente a la fugacidad y la desaparición,  hacia una retirada abrupta de escena, ya sea de la obra o la persona, o acaso ambas.


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