Metafísica y ficción extracientífica (Roneo, 2020)

Metafísica y ficción extracientífica (Roneo, 2020)

Por Matías Correa.

Ya sea apelando a lo que opina la ciencia o a las pequeñas certezas subjetivas que cada quien atesora en su cabeza, día a día y sin cesar, siempre hay alguien interesado en persuadirnos de que las cosas son como son. Si bien sabemos que cada tanto nos equivocamos todos, torpemente nos convencemos de que las genuinas sorpresas no son más que el resultado de lo mucho que uno ignora: contingencias que nuestras pobres inteligencias son incapaces de prevenir o calcular.

Sin embargo, nada es tan fácil como equivocarse, tropezar y que la realidad se estrelle contra tu cara. Olvidamos que en el mundo nada es necesario, salvo la contingencia: la posibilidad de que las cosas sean distintas a cómo les tocó ser. Pero somos animales sociales y tenemos una vocación arcana por la rutina y el cliché. De tanto lidiar con la realidad, nos olvidamos de ella —más bien, dejamos de prestarle atención y la convertimos en una condición de subjetividad: el lugar de enunciación de mis opiniones, un topos trascendental para el yo.

Por vía indirecta, en Metafísica y ficción extracientífica Quentin Meillassoux tal vez ofrezca al lector una nueva etiqueta literaria para abordar estas cuestiones. Se trata de un nuevo género vinculado a la ciencia ficción (CF), solo que menos restrictivo y más difícil de componer: la ficción extracientífica (FEC).

Si toda ficción es un ejercicio de imaginación regulado por las mismas restricciones de verosimilitud que cada obra propone al lector, la CF exige como condición adicional la proyección de mundos posibles que no contradigan las leyes de la naturaleza que el estado actual de la ciencia nos garantiza. La FEC, en cambio, invita explorar narrativas coherentes para “mundos donde la ciencia experimental es, en principio, imposible, y no desconocida de hecho”.

Uno de los supuestos metafísicos de Meillassoux es que la realidad excede los límites del conocimiento científico. Luego, la FEC que el filósofo francés propone nos invita a imaginar mundos desestructurados donde la teorías de la ciencia experimental resultan inútiles e impracticables. Para ilustrar el punto, Meillassoux recurre a René Barjel (y su novela Ravage, “una verdadera novela de FEC rotulada por error como ciencia ficción”, según el francés) y a “La bola de billar”, de Isaac Asimov (un cuento que ocupa las últimas treintaitantas páginas de la edición que hicieron las editoriales Roneo/Hueders con este ensayo). Más allá del interés filosófico que el lector pueda tener por este tipo de especulaciones, quizás el mayor mérito de este ensayo/trabajo de Meillassoux descansa en su potencial literario. Entre líneas, resulta atractivo inducir las instrucciones de uso para la construcción de novelas, cuentos y relatos de ficción extracientífica, narrativas para mundos inestables, una poética que tal vez sirva para abordar la irrupción de lo real.

Comparte esta nota