Muerte en Persia (Editorial Minúscula, 2003)

Muerte en Persia (Editorial Minúscula, 2003)

Por Juan Espinoza.

Muerte en Persia, de Annemarie Schwarzenbach es el primer libro de la autora en ser traducido al castellano y fue publicado por Editorial Minúscula en 2003

Escrito entre 1935 y 1936, el texto soporta abordajes desde diferentes perspectivas, principalmente porque las constantes temáticas se despliegan en formas dinámicas, que utilizan elementos propios del diario íntimo, de la crónica de viajes o incluso de la prosa poética.

Esta ambigüedad formal pudiera confundir en un inicio, ya que los primeros capítulos sientan las bases de la atmósfera ominosa que permanecerá hasta el final, pero también dejan ver la fascinación del ciudadano “civilizado” frente a la magnitud aplastante del paisaje. Esto último podría parecer la entrada a una de tantas descripciones orientalistas de quien proyecta sus prejuicios sobre la naturaleza o los usos y costumbres de algún pueblo marginado de modernidad, pero es en realidad la manera en que una voz desesperada busca respuestas en la naturaleza agreste y monumental. La lectura penetra entonces en el eco de una calle sin salida, frente al muro de la tragedia individual y el derrumbe social de una Europa amenazada por el fascismo.

A medida que avanza, la obra muestra que el miedo es un tema transversal, aunque no se le defina de manera explícita ni se mencionen abiertamente sus causas. En dicho paisaje, bello y abrumador, la voz intuye el vacío que la habita, pero el deseo de encontrar un rumbo en términos afectivos, psicológicos y sociales, lleva a la protagonista a constatar el sinsentido, tanto de su búsqueda como de la sublimación que intenta por medio de la escritura. Este ejercicio escritural se declara a sí mismo como impersonal, pero se despliega como un acto fallido: toda la narración es una descripción de la mente/alma de la narradora. En definitiva, contemplamos el miedo al silencio, que a ratos intenta eludir por medio de la despersonalización.

La relación amorosa, asunto central de la segunda parte, da cuenta de la represión cultural sobre una pareja de mujeres en ese contexto histórico, pero también expone aquella visión romántica que exalta la belleza del amor floreciendo al borde del abismo. Se muestra un afecto agónico como última posibilidad de realización individual, frustrada por el destino, pero también por la culpa, provocada por el abandono de su país, en circunstancias que demandaban un mayor compromiso con el colectivo. La nostalgia del hogar, por tanto, no es una alternativa viable para la protagonista.

La obsesión con Persia, como varios pasajes de la obra, puede explicarse recurriendo a la biografía de la autora, sin embargo, el texto deja ver en varias ocasiones una posible razón: la necesidad de escapar de los contextos habituales, en donde la cultura occidental otorga sentidos ilusorios para evitar la respuesta que el desierto y las ruinas arqueológicas terminan por entregar: la impermanencia no admite excepciones.

En resumen, un texto que con sencillez aborda las zonas más complejas de la condición humana y cuya brevedad es casi una invitación a la relectura.

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